EL MIRÓN PIADOSOLa publicación en 1999 del volumen Falsificaciones y otros relatos, en la colección Calembé de la Fundación Municipal de Cultura de Cádiz, brindó a muchos lectores la oportunidad única de conocer la obra del argentino Marco Denevi (Buenos Aires 1922-1998). Desde entonces, muchos habrán sido los lectores que han buscado y encontrado otros textos de este autor que han ido afianzando y enriqueciendo lo que fue para ellos un verdadero amor a primera vista.
Denevi sorprendió al mundo literario de su país, Argentina, con la publicación de su primera novela, Rosaura a las diez, que obtuvo en 1955, cuando Denevi contaba 33 años, el premio Kraft, y con la que comenzó una brillante carrera literaria. Hasta entonces había sido un abogado que desempeñaba su trabajo en el área legal de la Caja Nacional de Ahorro Postal, y un amante de la música y la literatura. Pocos años después, en 1960, ganó el premio Life para escritores latinoamericanos con su cuento –casi novela corta- "Ceremonia secreta", que fue llevada al cine en 1968 por Joseph Losey en una película protagonizada por Elizabeth Taylor, Robert Mitchum y Mia Farrow. Con estos dos textos Denevi alcanzó reconocimiento y prestigio, aunque tuvo una prolífica obra jalonada de títulos como Falsificaciones (1966), Un pequeño café (1967), Manuel de historia (1985), Enciclopedia secreta de una familia argentina (1986) o El amor es un pájaro rebelde (1993). Probó como autor teatral y ganó el premio Nacional de Teatro con su obra Los expedientes (1957), aunque, según confesó él mismo, algunas de las mayores felicidades de su oficio de escritor se las propoporcionaron los mordaces, apasionados y comprometidos artículos que publicaba en el periódico La Nación. En su novela más conocida,
Rosaura a las diez, el autor argentino se vale de una inquietante trama policiaca para mostranos el retrato moral de una galería de personajes que no son lo que parecen a simple vista. Para Denevi, la realidad era "como un hojaldre", infinitas capas superpuestas que no configuran una única verdad. Esto es exactamente lo que ocurre con
Rosaura a las diez. Desde el primer momento el lector se ve inmerso en una historia en la que, como ocurre en la vida, no hay una única verdad. Cada personaje tiene la suya y la cuenta a su manera. Todas las versiones son posibles y al final el lector no tiene más remedio que optar por una de ellas, decidirse a participar en un enredo en el que nadie sale ileso, en el que no hay buenos ni malos, sino sólo personas con circunstancias muy particulares, con miedos y deseos que no siempre toman forma concreta. Denevi nos obliga a tomar partido y el lector lo hace gustoso porque se siente partícipe de algo contruido contando con él.
Esta novela presenta algunas de las características fundamentales de la obra de Denevi. En primer lugar, su capacidad de entender los vericuetos de –y perdonen la palabra- el alma humana, y ello sin diseccionar a sus personajes ni tampoco juzgarlos, sino simplemente comprendiéndolos y haciendo que el lector se sienta también comprendido con ellos. También, su gusto por las pensiones. Este hecho que, a simple vista, puede parecer trivial, no lo es a la luz de los muchos textos de Denevi en los que este espacio o escenario, lo mismo da, es el lugar de encuentro por antonomasia, el lugar de la vida, el amor y la muerte. Hay otros escenarios, por supuesto (peluquerías, coches, tugurios, etc), pero todos guardan con este espacio primordial el parecido que les confiere el calor que desprenden los cuerpos que conviven bajo una misma luz, y por todos ellos parece colarse ese familiar y persistente olor a comida que se escapa de la cocina de la patrona.
Por último, la ironía: una ironía que el autor usa en la novela como, según confesaba, la usaba en la vida, "para disimular que soy un sentimental, un blando de corazón, alguien a quien resulta fácil conmover".
Otro ejemplo del inagotable interés de Denevi por la condición humana es su magnífico relato "Ceremonia secreta", donde volvemos a encontrar todos los ingredientes de la literatura de este autor: ironía, sentido del humor y, sobre todo, una enorme capacidad para poner al lector en el lugar de todos los personajes. En este relato –publicado en España dentro del volumen
Ceremonias secretas (Alianza Editorial, 1996)-, como en otros de Denevi, el azar juega un papel fundamental para hacer cambiar la solitaria vida de la vieja señorita Leonides Arrufat, que se ve envuelta en una extraña historia de oscuras venganzas cuando una desvalida joven la confunde con su madre muerta. Lo que en principio parece un golpe de fortuna para la solterona Arrufat se va desvelando como una sórdida historia de traiciones en la que Leonides se acaba viendo irremisiblemente implicada.
Y es que en los relatos de Denevi siempre hay alguien que se cuela en la vida de alguien para cambiarla. La fortuna o su ausencia siempre dependen de los otros y la acción está marcada por la conversación, por lo que a través de ella vamos descubriendo. En
Falsificaciones y otros relatos hay un texto que ilustra bien lo primordial de la literatura de Denevi: "Pobre Carolina". Siempre he pensado que este cuento es una de las más hermosas historias de amor que se han escrito nunca, aunque no sólo es eso. En él se encuentra la esencia de Rosaura a las diez; es otra versión, esta vez amable y con menos dobleces, de la misma historia. Que, por fin, acaba bien.
Pero no es éste el único tesoro enterrado en este volumen. En "El Honor de Lucrecia" el autor nos explicita su poética, "un pasajero desahogo del rencor, que el tiempo consolaría"; también, su punto de vista sobre cómo ha de tratarse a los personajes de una obra, además de la que para él es la única manera de rematar un texto: hacerlo con el corazon abierto a la verdad, que no tiene por qué coincidir con lo que entendemos por realidad.
En "Salvación de Yayá" nos sorprende su capacidad para entender el proceso mental por el que una joven manicura pasa de odiar a los hombres a entenderlos y hasta a compadecerlos y en "He aquí a la sierva de los señores" nos sorprende con una historia en la que nos ilustra sobre lo mal que puede acabar la buena voluntad.
No obstante, para comprender, y disfrutar, la obra narrativa de Denevi conviene no pasar por alto algunos de los textos recopilados en
Ceremonias secretas: "Charlie", "Viaje a Puerto Aventura", "Redención de la Mujer Caníbal" o "Eine kleine Nachtmusik". En ellos, como en toda su literatura, Denevi acerca al lector a un mundo sórdido, pero en todos ellos brilla la luz de la esperanza, aunque esa luz no sea más que el reflejo de la luna en un charco. Denevi siempre da a sus personajes la oportunidad de mirar hacia dentro, aunque la mayoría de las veces lo único que ven es su imagen reflejada en un espejo roto. En relatos como "Redención de la mujer caníbal" o "Viaje a Puerto Aventura" siempre hay lugar para la ilusión de hacer realidad los sueños, aunque ésta dure lo que dura una noche de imsomnio. La única redención posible para estos personajes es la resignación a un único destino: el de cada uno de ellos. Y es ésta una resignación activa, que acaba por reconforta al lector.
La literatura de Denevi está hecha con trozos de vida porque para él la literatura es eso; contar lo que se ve desde una ventana, lo que ocurre tras una puerta, dentro de un taxi o a la mesa de una pensión en la que todos los huéspedes guardan un secreto, esconden un amor o intentan olvidar que una vez fueron, o tal vez sólo quisieron ser, otras personas.
Mª ÁNGELES ROBLES MORALES
(Publicado en La Ronda del Libro, mayo 2003)